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Batalla de Bailén

 

CONOCE UNA HISTÓRICA BATALLA

 

 

 Bailén, 19 de julio de 1808. Una pequeña villa que contaba con apenas 1500 habitantes escribiría unos de los capítulos más importantes de la Historia de España. Por primera vez, un ejército del todopoderoso emperador Napoleón Bonaparte, era vencido en un combate de campo abierto. Su eco resonó por toda Europa quedando inmortalizado su nombre para siempre.

 

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ANTECEDENTES

A la muerte de Carlos III en 1788, la economía española empieza a decaer. Su sucesor, Carlos IV a pesar de sus inicios reformistas, se vio superado por los acontecimientos que estaban acaeciendo en Francia, al estallido de la Revolución Francesa (1789) temiendo que las nuevas ideas liberales se contagiasen en España y acabasen con el Antiguo Régimen absolutista.

Ante la falta de voluntad por gobernar, el Estado recae en las manos de su esposa la reina Maria Luisa de Parma y su valido Manuel Godoy, teniendo como su principal oponente a su hijo el príncipe Fernando.

Esta coyuntura, será aprovechada por Napoleón, gran triunfador de la Revolución, que fijando su mirada en España, obliga a Carlos IV a ser su aliado en la conquista de Portugal. Este es el pretexto que utiliza el ambicioso Emperador para invadir la Península.

El general francés Junot entra en España con sus tropas el 18 de octubre de 1807. Las tropas francesas que contaban con cien mil hombres, al frente de los cuales pone Napoleón al general Murat, continúan ocupando España.

Godoy, inquieto ante las numerosas fuerzas invasoras, empieza a recelar de las intenciones de Napoleón, tratando infructuosamente de salvar la situación, que desembocaría primero en el Motín de Aranjuez, aunténtico golpe de Estado por parte del príncipe Fernando para echar del trono a su padre, y en las abdicaciones de Bayona después, en las que tanto Carlos IV como Fernando VII, fueron obligados a abdicar, quedando el trono de España a la merced de Napoleón, que colocaría como legítimo rey a su hermano José I.

El Dos de Mayo de1808, estalla la Guerra. El general Murat, inicia su ofensiva en Madrid atacando con más de 30000 hombres, cuyas repercusiones no se harían esperar, como los fusilamientos del Monte del príncipe Pío o la toma del Parque de artillería de Monteleón.

 

BAILÉN, 19 DE JULIO DE 1808.

Tras el Levantamiento del Dos de Mayo, Napoleón encomienda al general Dupont que se adentre en Andalucía, al mando del 5º Cuerpo de Observación de la Gironda. El teniente coronel español Echavarri, con 15.000 voluntarios de Córdoba y de Málaga cubrieron el puente de Alcolea para defender la capital cordobesa, sin embargo los franceses los vencen el 7 de junio entrando en Córdoba realizando un brutal y sanguinario saqueo de la ciudad que levanta los deseos de venganza de toda Andalucía.

Su ejército lo componían:

1. División de Infantería General Barbou

Brigada de Infantería Pannetier: 3.511 y 61 caballos

Brigada de Infantería Chabert: 4.325 hombres y 60 caballos.

2. División de Caballeía General Fresia:

Brigada de Cazadores Dupré: 1.218 hombres y 1.094 caballos.

Brigada de dragones y coraceros Privé: 2.213 hombres y 2024 caballos.

3. Brigada Suiza general Rouyel

1.573 hombres y 68 caballos.

4. Artillería e Ingenieros

1.204 hombres y 1.044 caballos.

5. División Vedel

6.000 hombres.

Por su parte, la Junta Suprema Provincial de Sevilla organizaba un ejército en Utrera incorporando los numerosos voluntarios en los cuadros del ejército de Francisco Javier Castaños, Capitán General del Ejército que contaba con una abundante oficialidad así como el refuerzo procedente de Granada al mando de Teodoro Reding. Ambas fuerzas se fusionaron el 11 de julio en Porcuna, quedando todas ellas bajo el mando único del General Castaños.

El resultado fue un ejército organizado en cuatro divisiones y dos cuerpos volantes:

1. Primera División:

Mariscal de Campo Teodoro Réding: 9.436 hombres y 817 caballos.

2. Segunda División:

Mariscal de Campo Marqués de Coupigny: 7.850 hombres y 453 caballos.

3. Tercera división:

Mariscal de Campo D. Félix Jones: 5.415 hombres y 582 caballos.

4. División de Reserva:

Teniente General D. Manuel de la Peña: 6.676 hombres y 408 caballos.

5. Destacamentos volantes:

Coronel D. Pedro Valdecañas: 1.800 hombres y 400 caballos.

Teniente Coronel Cruz Mourgeón: 3.189 hombres.

También al ejército, entre otras unidades se le unieron los famosos "Garrochistas" que eran dos secciones de Lanceros de Utrera y Jerez.

La ventaja de las armas francesas estaba en la caballería, pero que al disgregarse perdió esa superioridad. En cuanto a la artillería, aunque la francesa era mejor al no tener buenos asentamientos, les restó eficacia.

La infantería, que decidió en buena parte el destino final de la batalla, era superior en el lado español, ya que supo adaptarse mejor al sofocante calor de aquel 19 de julio.

 

EL PLAN DE PORCUNA Y LOS PROLEGÓMENOS DE LA BATALLA

Tras unirse las tropas sevillanas y granadinas en Porcuna el día 11 de julio y constituirse el Ejército de Andalucía, al mando del General Castaños, se hacía necesario establecer el Plan de Campaña, que será conocido como "Plan Porcuna". El plan de la batalla era el siguiente: El G. Castaños, frente a Andújar, esperaría a que el G. Reding viniera de Bailén y formar una tenaza que permitiera atacar a los franceses por dos frentes. Pero esto al final no ocurre.

Durante lo días previos a la contienda, 15, 16 y 17 de julio se suceden escarceos con algún choque de importancia entre ambos ejércitos, como el que sucede en Mengíbar, siendo favorable éste a nuestras tropas, muriendo el General francés Gobert , al frente de sus coraceros que es reemplazado por Dufour.

Dupont había salido de Andújar hacia Bailén en la noche del 18 al 19 de julio. Llega alrededor de las tres de la madrugada con su vanguardia al puente del Rumblar. Espera sorprender a las fuerzas españolas que vivaqueaban a las afueras de Bailén.

Las Divisiones de Reding y Coupigny se habían establecido en Bailén desde la mañana del 18. Previendo un posible ataque de Vedel, que podría aproximarse desde el Este procedente de la Carolina. Reding sitúa siete batallones entre los Cerros San Cristóbal y del Ahorcado, controlando el acceso a la villa. Hecho esto, se prepara para dirigirse a Andújar.

De todo ello se deduce que ambos bandos estaban mal informados sobre las fuerzas y las posiciones respectivas. Ni Reding sabía que Dupont se aproximaba, ni éste que se iba a topar con dos Divisiones españolas. Además, Dupont tenía amenazada su retaguardia por Castaños, que podría venir procedente de Andújar, y Reding temía por su retaguardia, ya que Vedel descendía desde la Carolina. Se trataba de ganar la batalla contra el tiempo; de ahí la desesperación de Dupont de abrirse paso hacia Despeñaperros y el empeño en resistir la acción francesa.

 

LA BATALLA DE BAILÉN: SUS FASES

1º COMBATE: Despliegue inicial y primer ataque español a la vanguardia francesa.

La batalla se va a iniciar dentro de la mayor confusión. Sobre las tres de la madrugada, la vanguardia francesa, mandada por Teulet, llega al Puente del Rumblar. Mientras, el Brigadier Venegas, había tocado diana una hora antes y se preparaba para emprender la marcha. Era noche cerrada y apenas se divisaba por el horizonte. Nadie sabía a quién tenía delante.

Desorientadas las vanguardias de ambos ejércitos, a oscuras aún, la fuerza de Teulet arrolla a la española y les obliga a replegarse a las estribaciones del Zumacar Chico. Al oír los disparos, el General Reding reunido con sus Generales, situados a la izquierda del Camino Real, ordena a sus unidades que se sitúen donde estaban vivaqueando, Venegas, consigue tiempo para que se organicen y realicen un despliegue ordenado. Desde la loma del Cerro San Valentín hasta el haza Walona, en forma de arco.

2º COMBATE: Duelos artilleros con ventaja española. Primer ataque francés contra la artillería y Centro español. Ataque por los flancos.

Así pues, Dupont sin pérdida de tiempo mandó situar a sus unidades entre los olivares que cubren el Cerro Cerrajón y los Zumacares, colocando en el centro la artillería.

Las constantes cargas que Dupont intenta para romper la línea defensiva que había desplegado el General Reding en algunos de sus puntos, resultan inútiles. El ejército español mantiene sus puestos a pesar de la falta de profundidad del despliegue realizado y del temor de que los franceses pudieran abrir hueco en sus líneas. Los infantes de la Reyna y de Ceuta obligan a los jinetes de Dupré a retirarse.

 

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3º COMBATE Y 4º COMBATE: El Centro francés forma en columna de batalla mientras las caballerías realizan ataques y contraataques.

Dupont empeña lo mejor de su ejército sin conseguir nada a cambio, eran las 10 de la mañana y después de más de cinco horas de combate, el cansancio empieza a hacer mella entre los franceses. La caballería de Privé arrolla en el Haza Walona al Regimiento en línea de Jaén que pierde sus banderas y cae mortalmente herido su coronel D. Antonio Moya. En este momento del combate entran en liza los garrochistas que consiguen poner en fuga a las tropas francesas, pero llevados por su celo se introducen entre sus líneas y tienen numerosas bajas. La sed, el humo del monte bajo incendiado, los nervios que cunden entre las filas francesas tanto como el temor de la llegada de Castaños desesperan al enemigo.

5º COMBATE: El "Canto del Cisne" de la última carga francesa. Dupont espada en mano se lanzó al ataque seguido de sus hombres.

Al mediodía del 19 de julio, Dupont intenta un último ataque a la desesperada comprometiendo lo mejor de su ejército, 400 Marinos de la Guardia, que había quedado en la retaguardia ante un posible avistamiento de la vanguardia de Castaños. El general Dupont fue herido, y sus soldados fracasaron de nuevo en su misión.

El calor se había convertido en el auténtico protagonista, la temperatura superaba los 40 grados, a esto hay que sumar el incremento térmico que provocó el incendio del monte bajo del campo de batalla que en el mes de julio se hallaba seco y aún segar. La tropa francesa se dispersa buscando agua para saciar la sed. La tradición popular narra que muchos de estos soldados se lanzaran a la Noria de la Huerta de San Lázaro, único lugar próximo con agua, con la siguiente frase "Morir aquí y resucitar en París".

Pero la Batalla no había terminado, Vedel que se aproximaba al término de Bailén, desconocía de la rendición del General Dupont e inicíó, un ataque sobre el cerro del Ahorcado. El propio Dupont, le hizo saber de la suspensión de hostilidades a Vedel que para ponerse en salvo con sus tropas, emprendió la marcha por la noche en dirección a la sierra, llegando a Santa Elena el 21 a mediodía, aunque alcanzado allí por el coronel de ingenieros D. Nicolás Garrido con la orden terminante e imperiosa de regresar a Bailén, exigida por los generales Castaños y Reding, que amenazaron a Dupont con pasar a cuchillo a la división Barbou, completamente cercada ya por todo el ejército de Andalucía, tuvo que efectuarlo mal de su grado por haberse acordado así en junta de jefes (De veintitrés jefes que asistieron a la junta, solo cuatro opinaron por continuar la retirada).

EL PUEBLO DE BAILÉN EN LA BATALLA

El hecho de que el enfrentamiento tuviese lugar a las mismas puertas de Bailén pudo ser decisivo para la victoria española: la población local apoyó en todo cuanto pudo a sus tropas; la ayuda más importante fue sin duda el suministro de agua para los soldados, donde destacar la figura de María Bellido, en un día que los cronistas señalan como "especialmente caluroso" —en una región que ya de por sí registra elevadísimas temperaturas en esa época—. El suministro de agua no fue menos importante para las piezas de la excelente artillería española, que no dejaron de cumplir su cometido contra las tropas francesas; en el bando contrario, sin embargo, la efectividad de la artillería estuvo sustancialmente reducida por el exceso de calentamiento de los cañones.

LAS CAPITULACIONES DE BAILÉN

Las capitulaciones se firmaron al fin el 22, después de muchas discusiones, en la casa de postas que media entre Bailén y Andújar, en las proximidades de Villanueva de la Reina, donde se había establecido Castaños; por ellas debía quedar prisionera de guerra toda la división Barbou, con la que había peleado Dupont, y la de Vedel evacuar la Andalucía, trasladándose ambas a Sanlúcar de Barrameda y Rota desde donde se darían a la vela para Rochefor embarcadas en buques tripulados por españoles.

En su consecuencia, las legiones de Dupont, en número de 8.242 hombres, los vencedores de Austerlitz y de Friedland, que habían paseado sus águilas victoriosas por todo Europa, desfilaron por delante del ejército español y fueron a deponer sus armas y banderas junto a la Venta del Rumblar.

Las divisiones Vedel y Dufour (9.393 hombres) formaron pabellones y entregaron en depósito sus armas y material de guerra. Las demás tropas que faltaban del cuerpo de ejército del general Dupont hasta el número de 22.475 hombres, descartados los 2.000 muertos en la batalla, acudieron de Santa Cruz de la Mudela, Manzanares y otros puntos de la comunicación con Madrid, para dar cumplimiento al convenio celebrado por sus jefes.

El capitán d'Villoutreys, que había entablado en Bailén los primeros tratos, llevó a Madrid la triste noticia, escoltado hasta Aranjuez por una sección de caballería española.

CONSECUENCIAS DE LA BATALLA

Bailén tuvo numerosas consecuencias. Psicológicamente originó una nueva esperanza, un enorme entusiasmo a nivel general que aumentó todavía más al conocerse la resistencia mostrada por los habitantes de Zaragoza y Girona. Hasta entonces, cada reino, cada ciudad o pueblo había reaccionado al compás de las circunstancias con una tendencia eminentemente defensiva, resistiendo al invasor. A partir de Bailén comenzó a pensarse en la necesidad de la existencia de un poder único, acatado por todos, que gobernará en nombre de Fernando VII y en su lugar dirigiera la guerra, aunara y coordinara los esfuerzos, hasta ahora dispersos. La solución fue, la constitución de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino.

Militarmente, el fracaso de Dupont significó la primera derrota campal sufrida por un ejército napoleónico y, materialmente, la rendición de 20.000 soldados imperiales. Estratégicamente, Bailén abrió el camino hacia Madrid, provocando que José I tuviera que retirarse hasta Vitoria por su seguridad. El 29 de julio supo el rey intruso la amarga nueva, y el 30 abandonaba la Corte madrileña, siguiéndole el 31 con la retaguardia el mariscal Moncey, para establecerse en Miranda de Ebro, en cuyas inmediaciones se concentraron 60.000 franceses. El 1º de agosto respiraba Madrid completamente libre del enemigo; el 13 entraba en ella el general D. Pedro González Llamas con las tropas de Valencia y Murcia, y el 23 lo efectuaba Castaños por la puerta de Atocha con la división de Reserva del ejército de Andalucía, siendo recibido con el júbilo consiguiente. Los imperiales levantaron también el sitio que tenían puesto a Zaragoza.

Este repliegue hizo cundir el júbilo entre los patriotas españoles al creer que Bailén era repetible y que podía ganarse, sólo con valor y patriotismo, una guerra de tipo convencional frente a Napoleón. La alegría de la victoria duró pocos meses. Inmediatamente, Napoleón decide vengar la afrenta, el mismo se pone al frente de su Grand Armée que, con unos 250.000 hombres distribuidos en siete cuerpos del ejército, formaba una masa de choque formidable. El idealismo inicial que surgió con la victoria en Bailén de conseguir expulsar al invasor francés de nuestros campos se convirtió en una realidad tras una guerra de seis años.

Para Bailén, esta victoria supuso una serie de reconocimientos a nivel nacional e internacional. El primero llegó de la mano de la Juntas Suprema Central al otorgarle el Titulo de "Muy Noble y Leal" en 1809, siendo confirmado por Fernando VII en 1813. A los miembros de la Corporación existente en aquellos momentos así como, a los vecinos, la mayoría mujeres, niños y ancianos que participaron en aquella calurosa jornada asistiendo al ejército español en sus necesidades, con peligro de su vida, se les condecoró con medalla de oro, bajo el lema "Al Valor y Lealtad".

En 1850, se le concede a Bailén, el rango de Ciudad y se obliga a todas aquellas ciudades de más de 10.000 habitantes a colocar el nombre de Bailén a una de sus tres calles más principales, honor otorgado por la reina Isabel II en una época en la que se realiza una revisión histórica de la Guerra de la Independencia por analistas franceses y españoles esencialmente.

 

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